Por Camilo Díaz
Esta experiencia ha sido una de las más importantes de mi vida, pues aprendí demasiadas cosas y tuve una gran cantidad de experiencias que han hecho que cambie positivamente como persona.El proyecto me gustó desde el inicio pues está muy relacionado con mi carrera, además de que profesionalmente es un gran crecimiento impartir clases en inglés. La idea era dar clases sobre temas medioambientales, organizar actividades con los alumnos y discutir con ellos acerca de qué pueden hacer ellos como iniciadores del cambio. En general, los alumnos fueron muy amables conmigo y creo que fue un gran éxito el descubrir que tienen la intención de emprender acciones sustentables. Para las clases, trabajé con dos compañeros de la India y una compañera de Hong Kong. En primer lugar dimos una introducción sobre nuestra cultura; luego platicamos sobre acciones sustentables que se hacen en nuestros países, para al final indicarles cómo ellos pueden emprender sus propios proyectos. Por supuesto, hablamos sobre los problemas ambientales más importantes y la necesidad de hacer un cambio. Las actividades que realizamos con ellos estaban enfocadas a generar ideas en ellos y una actitud de liderazgo.
Tuve la oportunidad de convivir y lograr una amistad con los demás miembros del proyecto, personas de India, Hong Kong, Colombia, Brasil. Si bien trabajamos en equipos asignados a distintas escuelas, algunas veces estuvimos todos juntos, como en el foro medioambiental que tuvimos o durante la Global Village. Tuvimos la oportunidad de salir juntos a muchos lados y conocer los sitios más emblemáticos dentro de la ciudad: el zoológico de Beijing, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano de los emperadores, Tianmen Square, el Palacio del Cielo, la villa olímpica y el distrito de arte. Por supuesto, visitamos la Gran Muralla y hasta nos dimos el tiempo para ir a esquiar, así como para jugar un partido de futbol (lo cual fue para mí todo una hazaña, ya que estábamos ese día a cinco grados bajo cero). En todas esas salidas se fortalecieron los lazos de convivencia entre nosotros, además de que pudimos aprender más sobre la cultura de nuestros países (como frases en nuestros idiomas, la forma en que celebran sus principales fiestas, o la música que prefieren). Si bien pudimos disfrutar de los sitios turísticos porque no había tanta gente, el frío era demasiado, al menos para lo que yo estaba acostumbrado. Además, una de las partes más difíciles fue pasar Navidad y Año Nuevo lejos de mi familia, pero la parte positiva fue que lo celebré de distinta manera y en compañía de personas con quienes compartí experiencias.
La parte en
que más satisfecho me sentí fue cuando en el último día de clases los alumnos
me agradecieron a mí y a mi equipo el haberles impartido clase, y me dijeron
que les gustaba nuestra forma de abordar los temas. Fue un momento muy
especial.
Las semanas que estuve viviendo en Beijing
fueron sencillamente inolvidables. Fue muy importante contar con el apoyo de los
miembros de AIESEC que nos ayudaban en cualquier situación y orientarnos en la
ciudad (el mandarín es muy complicado, por lo cual estoy muy agradecido con
ellos). Tanto con ellos como con mis
compañeros tengo una gran cantidad de recuerdos agradables. Aprendí a
desenvolverme más en público, a convivir con personas de diferentes culturas,
comprender el ritmo de vida de otros países y sobre todo, aprovechar al máximo
la experiencia de conocer nuevos horizontes.
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